El 80% de las historias del libro no tienen cabida en los medios

Países en Conflicto

27 de Febrero del 2012

“Llevaba dos años de becario haciendo fútbol base y me di cuenta de que no iba a ningún lado; porque apenas contaban conmigo y no me sentía ni útil ni periodista, así que decidí dejar el periodismo deportivo”.

Comienza el “giro radical” de Antonio Pampliega (Mejorada del Campo, 1982). “Siempre me llamó la atención cubrir conflictos y tras ver el reportaje de Pilar Bernal en Telecinco sobre la embajada de España en Bagdad decidí hacer lo mismo que ella… y para allá que me fui con 25 años”. Libros.com contacta con este periodista freelance para hablar de Afganistán. La vida más allá de la batalla (Plataforma editorial). Los conflictos armados de los que ha sido testigo durante más de tres años protagonizan buena parte de la conversación.


Pregunta.- ¿Cómo se tomaron en tu casa la marcha a Bagdad?


Respuesta.- Al principio no me tomaron muy enserio; pensaban que estaba bromeando y hasta que no compré los billetes de avión no se dieron cuenta de que el viaje era en serio. Mi padre no se lo tomó muy bien y estuvo un tiempo sin hablarme… Además, coincidió con un periodo en el que mi madre estaba enferma del corazón y todo le cogió en fuera de juego.


 


P.- En qué condiciones te vas en tu primer viaje; nada de hablar de chaleco antibalas, ni viajar en coches blindados… ¿Verdad?


R.- Nada de chaleco, ni seguro de vida, ni protección… Me puse en contacto con Ignacio Rupérez, por aquel entonces embajador de España en Irak, y me invitó a pasar una semana con los GEO en la embajada para que les hiciese un reportaje y no lo dudé ni un segundo.


Actualmente, cuatro años después de mí primer viaje, sigo viajando sin chaleco y sin seguro de vida. Salvo cuando tengo que hacer un empotramiento con los americanos que me obligan a llevar casco y chaleco y gracias  a Reporteros Sin Fronteras puedo disponer uno, porque de otra forma es inviable, a menos que lo adquieras…


 


P.- ¿Cómo imaginabas que era un día normal en un conflicto armado y cómo es la realidad que encuentras? ¿Pasaste miedo y te entraron ganas de volver?


R.- No tenía una idea predeterminada de cómo era el día de los civiles en una guerra o cómo era un conflicto en sí. Puedes, a través de lo que ves en la televisión, tener una ligera idea, pero hasta que no llegas al terreno no te das cuenta de que las crónicas, los reportajes son sólo una pequeña parte del puzle y que la realidad supera siempre a la ficción.


Sí, por supuesto que pasé miedo…. De hecho, cuatro años después sigo pasando miedo; el miedo es bueno, él nos impide, muchas veces, hacer tonterías. Es una conciencia que tenemos que nos dice que no somos inmortales, que nosotros, los periodistas también morimos en las guerras… El problema es que no siempre escuchamos a esa conciencia.


P.- No contento con la experiencia en Bagdad decides continuar: tocaba Afganistán. Según Reporteros Sin Fronteras, Afganistán es uno de los lugares más peligrosos del mundo para los periodistas. La gente pensará que los que vais a un conflicto armados estáis mal de la cabeza. ¿Qué les dirías?


R.- Pues les diría que si ellos se enteran de lo que pasa en el mundo es porque gente como yo viaja hasta esos países para denunciar lo que allí ocurre. Si no lo contamos no existe y si no existe ganan los tiranos y los asesinos y no estoy dispuesto… ¿Mal de la cabeza?  Es posible, pero para mí mal de la cabeza es estar 40 años detrás de un escritorio haciendo todos los días lo mismo.


 


P.- ¿Quién contacta con quién? ¿Pampliega busca a Plataforma Editorial, o fue al revés?


R.- Fue algo muy curioso… Preparándome para el primer viaje a Afganistán acudí a comprar varios libros para llevarme y encontré uno de Plataforma que se llamaba Goundi. Unas vacaciones diferentes;  Lo leí por encima y me gustó. Contacté con Jordi Nadal, el editor y alma de la editorial, le propuse la idea de hacer un libro distinto sobre Afganistán. Un libro donde primase el lado humano de la guerra y donde dejásemos de lado los porqués de la guerra…


Escribí varios posts en el blog que tenía en Público y se los reenvié para que palpara la idea que tenía en mente. Le gustaron y me propuso un primer borrador de un capítulo. Se lo mandé, le encantó y me encargó un libro partiendo de esa misma filosofía donde los afganos fuesen los protagonistas.


 


P.- Cuando sabes que tienes esta oportunidad, ¿qué opciones descartas publicar?


R.- Descartamos publicar historias demasiado crudas porque Jordi me pidió que el libro tuviese un toquecito de esperanza y, sinceramente, esa es la espinita que se me quedó clavada… Quizás tiene demasiado ‘buen rollismo’ pero estoy encantado con el libro. Ahora, casi un año después de haberlo publicado hubiese incluido más historias que hubiesen dado más peso al libro….


 


P.- Entonces, estamos en lo cierto si afirmamos que en la lectura de Afganistán. La vida más allá de la batalla encontramos aquello que nunca tendría cabida en los periódicos…


R.- Por supuesto, el 80 por ciento de las historias que salen en el libro no tienen cabida en los medios de comunicación porque la filosofía de los periódicos es el breaking news y cada vez tienen menos cabida historias humanas… Es el fallo, en mi opinión, que tienen los periódicos, no podemos vender cosas de ‘ayer’; tendríamos que apostar por historias diferentes, humanas y que lleguen… pero…. De momento seguimos estancados en un modelo de negocio que hace aguas por todos lados.


 


P.- Ya le preguntamos a Alberto Arce, y hacemos lo propio contigo, ¿lanzamos el aviso a los compañeros de que el buen periodismo dentro de poco (o desde ya) ha cambiado de lugar y está en los libros? ¿Quedan medios -de los de siempre, de los grandes- que apuesten aún por este tipo de trabajos en profundidad? ¿Les interesa el periodismo o solo un absurdo baile de cifras?


R.- En los periódicos se puede encontrar gran periodismo porque hay grandes periodistas que se niegan a copiar y pegar de agencia, que todavía patean las calles en busca de una historia que siguen creyendo que el periodismo es ir, ver y volver para contar. Pero, por desgracia, no todas las historias que hacemos acaban siendo publicadas en un periódico…


Los grandes trabajos en profundidad tiene cabida, aunque cada vez menos, en los dominicales, es el único sitio donde puedes explayarte en una historia y usar 3000 palabras en contarla… En los periódicos eso es inviable.


Los que dirigen los medios buscan que sean rentables… Y si copiar y pegar es más barato que pagar a un free o que mandar a un periodista de plantilla cogen los textos y los fusilan de agencia… atribuyéndose la autoría de la noticia. Se ha prostituido el periodismo y se ha convertido en una carrera por no perder dinero perdiendo calidad.


 


 


P.- La verdad, si tuviéramos que contarte el conflicto afgano no sabríamos por dónde empezar. Se ha escrito, hablado, narrado tanto… ¿realmente los medios nos han informado sobre lo que allí sucedía?


R.- Mónica Bernabé es la única periodista española sobre el terreno… El resto coge la información de agencia y habla de Afganistán desde Bruselas, Madrid o Washington. Siempre que hablamos de Afganistán es para informar de un atentado, del burka o de los talibanes pero hay mucho más allá y muy pocas veces vamos a buscarlo… porque para eso tenemos que ir a buscarlo.


 


P.- ¿Cómo sienta que desde un medio te digan “vete y ya veremos lo que traes; y si es bueno pues te lo compramos”?


R.- Siempre ha habido freelance… El problema es que ahora los medios pagan (si es que pagan) una miseria por los reportajes y eso acaba notándose en la calidad del texto. No hay periodistas buenos o periodistas malos… Hay periodistas con dinero y sin él… Y con dinero todo es más sencillo porque puedes acceder al mejor fixer y puedes tomarte más tiempo para hacer un reportaje. Nosotros, los free, un día tenemos que hacer varios reportajes para que nos salga rentable mientras que otros compañeros staff pueden tomarse algo más de tiempo para cuidarlo más.


Nuestra profesión se ha convertido en una incertidumbre. Y ya no buscamos ganar dinero, sino no perder para poder volver a viajar…


 


P.- Gervasio Sánchez, en un coloquio en la SEMINCI, después de la proyección del documental Los ojos de la guerra, de Roberto Sánchez, comentaba que algún jefe de redacción le había dicho: “No quiero historias de negros”. ¿Cuál es la peor contestación que te has llevado cuando has intentado vender un tema a una redacción?


R.- Tras el primer viaje a Afganistán acudí a una televisión nacional y me respondieron: “¿Y tú has ido a la guerra? Dónde están las bombas y los tiros…”. Eso después de ser el primer español en cubrir la ofensiva de Marjah en marzo de 2010. Ese mismo medio me volvió a responder sobre otro reportaje: “Esto… esos son los yonkis de callejeros”, cuando les enseñé una pieza sobre los adictos al opio; me pillé tal cabreo que crucé la calle me fui a la televisión de enfrente y me ofrecieron un reportaje de 30 Minutos con todo el material que los otros habían descartado.


La mediocridad de la televisión en España es culpa de los que mandan no de los que trabajan en ella…


 


P.- ¿Están alejados los medios de comunicación de la realidad en una zona de conflicto?


R.- No tienen porqué estarlo… Un reportaje sobre una guerra es sólo una pincelada en un inmenso cuadro… Pincelada a pincelada se puede conseguir la visión del cuadro. El problema es que los que están en Madrid quieren todo para ya… y eso hace que pierda calidad. No podemos contarte lo que ocurre en primera línea desde el hotel haciendo 6 directos y mirando agencias…


P.- ¿A los que dirigen estos medios habría que soltarlos en medio de un conflicto armado y que vieran cuál es la verdadera realidad que vivís a diario?


R.- A los que dirigen los medios habría que despedirlos… No merece la pena soltarlos en un conflicto porque seguirían preocupados por el share y no por la calidad.


P. – La semana pasada, en Twitter, se comentaba el despido de Daniel Lozano como colaborador de Público en Latinoamérica. Se hablaba de presiones desde el gobierno de Venezuela y su embajada en España. ¿Has sufrido algún tipo de presión para que no informaras de determinados detalles?


R.- No, nunca; siempre he tenido libertad a la hora de publicar y nunca nadie me ha tocado un texto.


 


P.- ¿De dónde vendrían?


R.- Los medios son empresas y como empresas que son tienen intereses comerciales… Ahí tienes la respuesta. Como dice Gervasio, los periodistas hemos dejado de ser los vigilantes para convertirnos en siervos de los poderes establecidos.


 


P.- Por cierto, el prólogo de tu libro lo firma Carlos Enrique Bayo, redactor jefe de Internacional en Público. ¿Qué tal ha sido el trato con él durante este tiempo colaborando con el diario? ¿Y con la redacción de este medio donde ha aparecido tu firma?


Soy muy afortunado de escribir en Público y de haber encontrado a gente como Carlos, Trini, Mar o Thilo -el equipo de internacional, aclara- porque me han tratado como a uno más… Y nunca me han hecho de menos por ser free y no estar en plantilla, al contrario… Si no hubiese sido por su apoyo y por su cariño hacía tiempo que había tirado la toalla.


Con el resto de la redacción mi trato también es excelente ya que no solo mis textos han aparecido en la sección de internacional sino en economía, televisión, actualidad…


 


P.- Leer alguno de tus blogs implica continuar con los comentarios. Hay de todo, pero lo que abunda son felicitaciones, ánimos para que sigas contando lo que ves y no lo que otros quieren que veamos. La gente te aprecia. ¿Qué sientes cuando ves estos comentarios? ¿Son suficientes para combatir el desánimo que inunda a veces a los freelance?


R.- La gente valora mucho lo que hacemos… porque enseñamos historias que normalmente no importan a nadie y recibir felicitaciones por un reportaje que te has trabajo la verdad es que te enorgullece y te hace que sigas por ese camino…


No es que sean suficientes… son parte importante porque muchas veces desde algunos medios notas que no valoran lo que has hecho y si no fuera por el cariño de los compañeros o de los lectores pues te sientes abandonado. Son una muestra de que lo que haces lo haces bien… y que debes seguir por ese camino.


 


P.- Muchas veces vuestra labor no está reconocida, pero lo está mucho menos la labor de los fixer; rara vez se les menciona. “Saben donde vivimos. Saben quienes son nuestras familias. Nosotros nos tenemos que quedar y tarde o temprano nos darán caza”, te decía uno de ellos. ¿Tan poco tienen que perder que se juegan la vida igualmente? ¿Qué papel juegan ellos en las informaciones que luego vemos desde Occidente?


R.- No es cuestión de si pierden mucho o poco… sino de supervivencia. Muchos de los fixeres con los que trabajamos son periodistas locales que tienen que trabajar con occidentales porque su sueldo no les da para mantener a sus familias.


Sin ellos nuestras informaciones no existirían. La gente no debe pensar que llega el periodista occidental a un país y las noticias empiezan a aparecer delante de él sin apenas bajar del avión, no… son los fixers los que mueven los contactos, los que buscan, los que nos ofrecen historias que saben que nos interesan. Ellos son el 70 por ciento de lo que somos; el 30 por ciento restante suerte y el buen quehacer del informador.


El problema es que muchas veces el ego del periodista es tan grande que no somos capaces de agradecerles su labor. Y vendemos la imagen de que hemos sido nosotros solos los que hemos conseguido llegar a la fuente… y eso no es así.


 


P.- ¿Podrías describir cómo es la vida de un periodista local en Afganistán?


Su trabajo no difiere mucho del de un periodista local en España o en México, salvo porque sus informaciones afectan a altos cargos del gobierno o a los insurgentes. Y ahí es donde reside el problema… Sus informaciones les cuestan, en multitud de ocasiones, la vida.


Es más barato matar a un periodista local que a un extranjero porque por el local nadie preguntará ni moverá un dedo. Ellos sí que tienen mérito, sobre todo denunciando casos de corrupción en un país dominado por señores de la guerra.


 


P.- Leyendo tus entradas en los blogs que mantienes y tus informaciones, Afganistán resulta un viaje en el tiempo, aterrizar en el siglo XII o XIII. Hay escribas en la calle, niños que venden humo… son profesiones que a los que vivimos en Occidente resultan sorprendentes. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido a ti?


Precisamente eso que apuntas… Es cómo retroceder 400 años en el tiempo hasta viajar a la Edad Media… Eso en Kabul, una vez que te mueves por Kandahar o Helmand (en el sur) el impacto todavía es más terrible porque la gente vive sin electricidad, sin agua corriente en las casas… Están anclados en el tiempo, cómo vivían nuestros antepasados hace siglos, pero lo que más puede llamar la atención es que todo el mundo tiene un teléfono móvil; y muchos de ellos no saben ni leer ni escribir…


P.- ¿Afganistán puede aspirar a un futuro mejor que el pasado cruel que ha vivido? ¿Le interesa a las potencias internacionales?


Espero, por los amigos que tengo allí, que sí… que pueda aspirar a un futuro de paz y prosperidad; pero todo hace apuntar que los tiempos de la guerra civil volverán sobre Afganistán. Talibanes, señores de la guerra, Pakistán…. Muchos intereses encontrados en un país que está situado en el corazón de Asia Central lo que lo convierte en una piedra fundamental en la gran partida de ajedrez que se han convertido las relaciones internacionales.


A las potencias occidentales solo le interesa el país por su posición geoestratégica; los afganos y lo que les pase a ellos… les da absolutamente igual. 10 años después de la caída de los talibanes se comienza a hablar de negociaciones con ellos; los mismos que oprimían a las mujeres, los mismos que hicieron barbaridades contra otras étnicas, los mismos que radicalizaron el país… No… A Occidente sólo le interesa él mismo, pero no sólo en Afganistán sino en todo el planeta.


 


P.- Pasa este futuro positivo, por ejemplo, ¿por una mayor apuesta en la educación, sobre todo de las mujeres?


R.- Este futuro positivo pasa por dejar el poder en manos de gente que no piense en coger el dinero que dona occidente para hacerse casas en Dubai o para pagar a sus propios milicianos… Son los políticos afganos los que se han encargado de hundir el país.


Apostar por la educación, por mejorar la red de carreteras para que fluya el comercio… Explotar el turismo… Afganistán debe crecer… pero para eso debemos creer y en estos 10 años no lo hemos hecho… Fuimos allí hablando de democracia a gente que no sabe leer ni escribir. No… Ese no es el camino. Prometimos ayudarles y no hemos cumplido nuestra promesa.


 


P.- Y allí, ¿quiénes son los ángeles de la guarda de la población? ¿Y los muertos en vida?


R.- Los afganos no tienen ángeles de la guarda porque nadie vela por ellos. En estos meses que he estado con ellos sólo he encontrado con dos personas que realmente luchen por los afganos… Una es Alberto Cairo, médico de Cruz Roja y que lleva en el país 23 años trabajando con amputados y otra Mónica Bernabé que, además de una grandísima periodista, tiene una ONG desde la que ayuda a las mujeres afganas.


El resto… muchos viajan hasta Afganistán por los sueldos indecentes que pagan Naciones Unidas y demás organismos internacionales, pero no tienen trato con los afganos… ¿de verdad pretendes ayudarlos sin tener trato con ellos?


 


P.- Has estado empotrado con el ejército estadounidense, ¿es más fácil estar al lado de ellos que del ejército español? ¿Sabemos cuál es el verdadero papel de nuestro ejército allí o lo desconocemos por la intoxicación que se ha hecho desde esferas gubernamentales?


R.- Es muchísimo más sencillo porque ellos están en una guerra y no tienen porqué ocultarlo. Es lo bueno que tiene acompañar a los estadounidenses… porque sabes a lo que vas y lo que te vas a encontrar y no te ponen ningún tipo de impedimento. Ahora bien, llevo desde octubre de 2009 tratando de conseguir un empotramiento con los españoles en Qala e Naw y solo he obtenido la callada por respuesta.


No tenemos ni la más remota idea del papel de nuestras tropas; pero, principalmente porque no dejan acceder a los medios de comunicación al terreno; y cuando nos dan permiso es para acompañar al ministro de turno en un viaje temático donde nos enseñan las bondades de la Misión de Paz que están llevando a cabo nuestros soldados en Afganistán. Allí, todos los días reciben el hostigamiento por parte de los talibanes, pero desde el Ministerio de Defensa se prefiere obviar esta realidad y edulcorarla…


 


P.- ¿Cómo es un día empotrado con un batallón?


R.- Bueno… depende mucho de la unidad y la región en la que estés empotrado. Si vas con infantería patrullas, haces guardias. Si vas con instructores acudes a los entrenamientos. Si vas con los médicos de los Medevac acudes en busca de heridos… como te digo, depende de la unidad tu día puede ser muy distinto.


 


R.- Hace unos días, en Facebook, un conocido freelance comentaba que si tu día a día en un conflicto armado pasa por estar todo el dia con ellos, con un grupo de militares (comer, dormir…), y llegara el día en el que te dijeran: “Oye, quieres que te enseñemos a disparar”. ¿Qué harías?


A mí me enseñaron a usar un M16 en Afganistán… Lo veo lógico y normal porque llegado el momento puedo necesitar usarlo y no dudaré ni un segundo en hacer uso de él. La vida está por encima de ser periodista. Aunque espero no hacer nunca uso de un arma.


 


P.- Las fuerzas occidentales irrumpieron como elefante en cacharrería en Afganistán. Han cometido verdaderas barbaridades como las que cuentas en uno de tus blogs: “Confundieron a una docena de niños que estaba recogiendo leña en el valle de Nanglam, distrito de Monagal, con unos despiadados terroristas y no tuvieron otra ocurrencia que lanzarles un par de misiles. Resultado: “Diez chiquillos muertos en una nueva incursión aérea”. Es difícil, pero, ¿cuál es la mayor barbarie por parte de estas fuerzas que has contemplado y que aún no has contado?


R.- Si hubiese visto alguna barbaridad y no la hubiese contado sería un mal periodista… Por suerte no he sido testigo directo de ninguna atrocidad.


 


P.- ¿Y La situación más peligrosa que has vivido?


Cubrir el asalto de un comando talibán el pasado 13 de septiembre durante más de 20 horas. Estuve junto con Rafael Sánchez Fabrés en primera línea de fuego acompañando a las Fuerzas Especiales afganas durante las últimas horas del ataque…


 


P.- Dices: “La guerra no se puede medir sólo por las bombas… Hay cicatrices que no se ven, tan profundas que son capaces de marchitar, poco a poco, a una persona”. ¿Podrías describirnos algunas de esas cicatrices?


R.- La guerra tiene consecuencias psicológicas que no se ven… En un país como Afganistán que lleva 30 años en guerra más del 70% de la población tiene problemas mentales derivados del conflicto. En Herat conocí a hombres que habían perdido la razón porque habían presenciado el asesinato de sus padres. O que habían quedado tocados después de vivir situaciones de stress.


Un amputado o un herido es algo que podemos ver y percibir pero el sufrimiento de una madre que ha perdido a 8 hijos y a su marido en una mañana… Ese sufrimiento no se puede ver a simple vista pero es real y, por desgracia, no les prestamos la atención que se merecen.


 


P.- Sorprendías con una carta publicada en el diario El País, en su especial PreParados, en la que decías: “Llevo casi tres años recorriendo las zonas más peligrosas del planeta. He invertido todos mis ahorros, he pedido un crédito… ¿Qué más tengo que hacer para poder trabajar?” ¿En qué situación te encuentras actualmente?


R.- La gente piensa que los que cubrimos conflictos nos estamos forrando y no, eso no es así. Muchas de las informaciones que cuenta lo que sucede en el mundo están firmadas por jóvenes periodistas que trabajan a la pieza en situaciones lamentables y de desamparo que tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes. No todos los que salimos en televisión o firmamos en un periódico tenemos una segunda residencia a pie de playa. No somos ‘estrellitas’ somos periodistas que queremos vivir con dignidad haciendo algo que nos apasiona y de eso se aprovechan los medios… (o mejor dicho, los que mandan).  Cómo dice mi padre… “Tú no tienes una profesión… tienes un hobby muy caro”.


Me encuentro en una situación complicada como todos mis compañeros viviendo el día a día y buscando maneras de minimizar los costes… Por eso viajamos en equipo para no perder tanto dinero… Pero me encanta lo que hago y mientras tenga fuerzas seguiré haciéndolo.


Mi futuro pasa por varios proyectos. Uno de ellos en Afganistán que puede suponer un punto de inflexión en mi carrera… Así que espero que salga hacia delante.


 


P.- Dices: “Pensé que si viajaba a zonas en guerra, si me esforzaba por hacer que mi trabajo tuviese un eco mediático, por crecer profesionalmente y madurar como persona ese trabajo que tanto ansiaba acabaría llamando a mi puerta. Iluso de mí…” ¿Has perdido la ilusión?


R.- He perdido la ilusión por poder conseguir una estabilidad profesional… Con el tiempo me he dado cuenta de que hay muchos compañeros en mi misma situación, que no soy el único. Antes me daba vergüenza decir que era free y que me pagaba todo; porque la gente me miraba como a un bicho raro; hoy me siento orgulloso de serlo.


 


P.- ¿Merece la pena seguir jugándose el tipo?


R.- Por supuesto que merece la pena… Recuerda… Si no lo contamos no existe. Esa debe ser nuestra máxima, siempre.


 


P.- ¿Habrá más libros de Antonio Pampliega? Uno sabe a poco, ¿no?


R.- Espero que este haya sido sólo el primero… La pregunta es ¿habrá alguien preparado para publicar un libro como Afganistán a sabiendas que es un tema que no interesa al público y donde, posiblemente, el editor perderá dinero? Si hay un editor dispuesto en apostar habrá un segundo, un tercero…


 


Entrevista de Libros.com a Antonio Pampliega:


http://libros.com/blog/entrevista-antonio-pampliega-afganistan-la-vida-mas-alla-de-la-batalla.html

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Afganistán es el país más peligroso donde pueda vivir una mujer si se toman en cuenta los factores salud, violencia sexual y no sexual, violencia doméstica y discriminación económica.

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