Marina Kue: la lucha por un trozo de tierra

Derechos Humanos

18 de Septiembre del 2014

La mayoría de las revueltas siempre acaban en una misma fotografía teñida de sangre y dolor. Y la mayoría de las revueltas siempre acaban así por el abuso desmedido que hace de la fuerza el poder establecido, aquel que está llamado, precisamente, a mantener el orden y la seguridad de todos los habitantes de un país. 

La fotografía tomada el 15 de junio de 2012 en Curuguaty, una pequeña ciudad al este de Paraguay, cumple los parámetros descritos en el párrafo anterior. Seis policías y 11 campesinos murieron tras el enfrentamiento vivido a causa de 2.000 hectáreas de tierra que los campesinos del lugar reclaman para sí.


 


Marina Kue: la lucha por un trozo de tierra


 


Es la desgracia, la tragedia de Marina Kue, un claro ejemplo del modelo de tenencia de tierras, muy representativo de este país. Un modelo denunciado por la FAO, la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura que, en un informe, asegura que Paraguay es uno de los países con más desigualdades del mundo.


A vista de pájaro, la superficie de bosque autóctono del país va poco a poco viéndose engullida por pequeñas manchas marrones. Son las plantaciones de soja que salpican esa estampa. Alrededor de 300.000 personas viven en aquel país reclamando un trozo de tierra para ellos, para poder sobrevivir (malvivir en la mayoría de los casos). Estos sin tierra tan sólo piden unas pocas hectáreas de chakra que les permita poder mantener una producción sostenible, familiar, de supervivencia.


 


Marina Kue: la lucha por un trozo de tierra


 


En Marina Kue los campesinos reclaman esas tierras para sí, mientras que la compañía de producción de Soja Campos Morombí asegura son de su propiedad.  Esta zona goza de una riqueza incuestionable al estar rodeada de plantaciones de soja, maizal y vegetación autóctona del país. Esta lucha pacífica se vio truncada hace ahora dos años en esta pequeña localidad. Más de cien personas, incluidas niños pequeños, se encontraban ese fatídico día allí. Entonces, llegó la policía, con un dispositivo sin precedentes que incluía hasta un helicóptero. Un solo disparó desató la masacre. Nadie nunca supo de dónde vino ese disparo, pero sus consecuencias fueron fatales. 17 muertos tras un tiroteo ensordecedor.


No era la primera vez los campesinos habían ocupado esas tierras, pero sí en que su lucha se había visto rota en tragedia. Ese hecho dejó además a trece familias acusadas de homicidio, asociación criminal y ocupación de propiedad privada; y muchas de esas familias permanecen en arresto domiciliario. No fue una matanza más en América Latina. No lo fue, y se llevaron además al Gobierno de Fernando Lugo por delante tras un juicio político en el Parlamento paraguayo.


Las familias de las víctimas continúan pidiendo justicia. La liberación de los acusados es una de sus reclamaciones, pero también lo es que se abra una investigación. Luchan contra la versión oficial de la policía, que asegura fueron los campesinos los primeros en actuar y atacar. Pero las pesquisas recogidas en el terreno por los abogados defensores difieren de esa versión. Los exámenes periciales demuestran que las armas que supuestamente tenían los campesinos nunca fueron disparadas.  


Las familias también se aferran, en esta lucha de luchas por hacerse y recuperar esas 2.000 hectáreas de Marina Kue a las palabras del presidente del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra, quien afirmó que esas tierras son del Estado. De sus palabras se desprende que no pertenecen, pues, a la empresa Campos Morombí.


Diez años después iniciado el proceso para recuperar la titularidad de las tierras, los juzgados aún no se han pronunciado. Lo único que encuentran los campesinos es silencio. Ese que ha invadido desde la tragedia sus vidas, sólo roto el pasado 15 de junio, dos años después, por las 400 personas que alzaron su voz para honrar la lucha de sus muertos. 

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