Un medio respeta a un periodista en la medida en que respeta a los protagonistas de sus historias

Periodismo

04 de Marzo del 2014

De pequeño le gustaban los mapas, especialmente los de África, por la cantidad de espacios claros que distinguía en ellos. “Eran más blancos, me intrigaba esos enormes espacios libres, me llamaban más la atención”.

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De pequeño le fascinaba la vida de los animales africanos, pero de mayor se decantó por las personas, por las historias de la gente. Xavier Aldekoa afirma que – “todo lo que he hecho ha sido con un objetivo claro: ir a África” -. Y si no es poco lo que ha hecho hasta su llegada al continente africano, aún más es lo que  está haciendo en y por nuestro continente de origen.

Hablamos de periodismo y de África, ¿cómo fue la primera vez?


 A los quince años hacía un programa de radio en Radio Santa Coloma y ya antes me encargaba de hacer revistas amateurs del colegio. También recuerdo que de niño hacía crónicas de mis propios partidos y detallando cómo habían sido los goles del encuentro. Sí, estaba fatal. Ya más en serio, recuerdo especialmente cuando en primero de carrera me recorrí todas las redacciones de los medios de Barcelona para intentar vender reportajes. Fui a todos con una hoja llena de propuestas y, como me esperaba, en casi todos ni me abrieron la puerta. Pero en el Avui sí. Conseguí sortear la seguridad y plantearle las propuestas al director del dominical. Me dijo varias veces que no pero le insistí hasta que me dio la oportunidad de pasarle un reportaje sobre escalada, que me tenía enganchado en aquella época. Y lo publicó a siete páginas. Fue mi primera satisfacción y mi primer aviso de que en esto del periodismo vendrían curvas: no me pagó ni un euro.


Trabajé también en una pequeña agencia de noticias y varias pequeñas revistas, pero la primera vez en un medio desde dentro fueron las prácticas de la carrera. Me faltó poco para quedarme sin ellas –estaba de Erasmus en Francia y se me pasó por completo- pero recaí en la redacción de La Vanguardia. No perdí la oportunidad que me brindaban las prácticas y después de trabajar mucho, a cualquier hora y cualquier día, pude quedarme en la redacción, haciendo de todo un poco, aunque sobre todo temas de alpinismo y conciertos. Hacía crónicas de concierto o de festivales, porque como los horarios de estos eventos eran complicados había menos voluntarios para hacerlos. Y con ese método de trabajo tan particular pude empezar mi carrera profesional, colocando unas 20 historias por mes. Después llegó la crisis, esta o la anterior, a saber, y aunque no fui de los nominados para abandonar la casa, no podía colocar más de 5 historias por mes. Pero eso ya es otra parte de la historia.


 La primera vez en África fue por mi cuenta. Con muy poco dinero, me planté en Mali, sin hotel siquiera para pasar la primera noche. Finalmente no necesité ni una sola noche de hotel. Conocí a malienses muy majos, con los que todavía guardo relación, que me ayudaron muchísimo y no tuvieron problemas en alojarme en su propia casa.


 El motivo del viaje era emular a René Caillié, panadero francés del siglo XIX que fue el primer europeo en visitar la ciudad e Tombuctú y regresar con vida, tal como narraba en su “Diario de un viaje a Tombuctú”. La historia me fascinaba y quería hacer un reportaje sobre cómo era Mali tanto tiempo después, comparar lo que veía con lo que vio el francés. Comprobé que las descripciones de Caillié eran casi exactas a lo que veía ante mis ojos. Para seguir los pasos del panadero francés tuve que navegar diez días por el Níger en canoa, llegar a Tombuctú sobre un camión de troncos y visitar la ciudad. Conocí a mucha gente y fue una gran experiencia.


 A pesar de que eres reportero freelance, tienes una relación especial con La Vanguardia, tu casa de origen. A efectos prácticos se te puede considerar corresponsal. ¿Cómo es la relación del periodista con la redacción?


 A mi personalmente el haber pasado por una redacción me ha aportado mucho. He conocido su funcionamiento desde dentro y más importante aún, he conocido cómo funcionan las personas de esa redacción. En el periodismo lo importante son las personas. Tanto en las historias como en la cocina de esas historias. Es importante saber cómo y a quién plantear una historia. Y cuándo. Quizás parece una tontería, pero por tan sólo por 10 minutos, te puedes quedar sin publicar una historia. Hay que conocer a la gente, las personas son un mundo y con cada una tendrás que argumentar de una manera diferente para convencerlas de que tienen que apostar por lo que les cuentas. Eso sí, lo más importante es que seas tú el primero en creer de verdad en tu historia. Sin eso, no hay nada que hacer.


 Cuando yo estaba en la redacción de LV intentaba colaborar en todas las secciones. Empecé en cultura, pero siempre buscaba temas para economía, sociedad, internacional o incluso política. Era muy consciente de que cuando consiguiera establecerme en África iba a querer contar todo tipo de historias, iba a querer hablar de todo.


 Finalmente conseguiste establecerte en África, con base en Sudáfrica. Háblanos de las historias de Sudáfrica:


 Como comentaba antes, con la crisis y las pocas oportunidades para colocar historias decidí que era el momento para dar un paso más hacia el continente africano. Aunque parezca contradictorio, el siguiente paso me llevó a Nueva York. El inglés y su dominio eran requisito indispensable en mi hoja de ruta. Me gasté todos mis ahorros (que eran francamente pocos)con un objetivo: mejorar mi inglés antes de dar el salto. De nuevo tuve suerte de encontrarme con personas maravillosas que me ayudaron a que el dinero fuer una mera anécdota y la experiencia fuera inmejorable.


La oportunidad me llegó con la Copa Confederaciones de fútbol que se celebraba en Sudáfrica un año antes del Mundial. 15 días de torneo para publicar 3 o 4 temas y conseguir algo de dinero para poder recorrer el país y conocer historias. Tenía que demostrar que era un país interesante para que algún medio apostará por él. Y lo conseguí.


 Sudáfrica es un país apasionante. Es un milagro imperfecto. La historia del país es irreal, esquivó una guerra civil que parecía inevitable; y no les faltaban motivos. Aún están en camino. Mucha gente ha vivido el Apartheid o tiene recuerdos muy cercanos y cada persona es un libro de historia en sí misma. Es un país con muchos problemas pero la gente se atreve a lidiar con ellos. Lo más duro son los barrios pobres negros, es allí donde sufren los principales problemas de seguridad pero son los primeros que te abren las puertas de sus casas. Y luego está su mentalidad, que está cambiando y mucho. Por primera vez tienen la posibilidad de mejorar sus vidas y hay muchos que lo intentan con toda su alma. Es esperanzador.


 Desbordas ilusión cuando hablas de Sudáfrica. Se te tienen que aparecer historias por doquier. ¿Cómo es un día de trabajo en un lugar tan interesante para ti?


 Para mi no existen ni los horarios ni los planes, solamente trato de estar pendiente y con los ojos abiertos, para que cuando suceda algo y lo tenga que cubrir poder estar mejor preparado. Algunos momentos te los pasas leyendo y otros días sales a la calle a ver qué encuentras. Hay que andar, andar y andar; eso es innegociable.


 Somos unos privilegiados, podemos ir a los sitios y ser testigos de situaciones que no podríamos vivir si no fuéramos periodistas. Ser periodistas nos da la posibilidad de que la gente nos abra sus vidas, que comparta con nosotros situaciones muy complicadas. Y eso es un privilegio brutal. Y una responsabilidad también.


 A medio o largo plazo sí que planificas. Ahora mismo tengo proyectos como ir al Sahel o a Zimbaue. Estas salidas se van preparando en los tiempos muertos del día a día.


 Mali, Sudáfrica, Sahel, Zimbaue…¿cómo es la visión de África de Xavier Aldekoa?


 La compararía con Asia en la década de los 70-80. En Asia algunos países progresaron y otros no, en África pasará del mismo modo. Sudáfrica, Senegal o Ruanda tienen grandes oportunidades ahora mismo. China e India están invirtiendo mucho dinero en el continente. Para mí la irrupción China es el acontecimiento de la década en África.


 Pero no debemos olvidar la historia del continente. Los socios han cambiado, antes eran las colonias hoy son multinacionales de países occidentales o la ola de inversiones del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Nunca ha sido un trato justo. Aquí los problemas surgen y todo se incendia muy rápido.


 A pesar de todo, el continente tiene la oportunidad. Algunos la aprovecharán, otro no.


 Y ahora la zona incendiada es el cuerno de África.


 Poco antes de la independencia de Sudán pudimos viajar a la frontera Kenia con Somalia justo cuando la situación se desbordaba. Las ONG se desgañitaban para alertar de lo que se venía encima, pero aún no era un tema mediático. Cuando llegamos, no había ningún periodista allí y el campo de refugiados de Dadaab comenzaba a desbordarse. En Yibuti, por ejemplo, no había pasado ningún periodista desde hacía 2 años. Fue un verano muy complicado ya que los medios se habían dejado mucho dinero en conflictos internacionales, Túnez, Egipto, Libia, Japón…


 La situación es extrema, 13 millones de personas afectadas. Refugiados y otros muchos que no lo son pero lo pasan realmente mal. Yo tuve la suerte de disponer de libertad para trabajar las crónicas, poner nombre y apellidos para que todo resultara más cercano.


 Con muchas de esas crónicas luego La Vanguardia decidió editar el libro digital “Viaje al corazón del hambre”.


 A los dos meses volví a la zona. Y la situación estaba aún peor. Recuerdo algo que nos pasó y que aparece en el libro. Intentamos hablar con unas mujeres que nos encontramos en la carretera mientras cargaban agua. Tenían que caminar más de 30 kilómetros al día para encontrar agua. Al vernos llegar, nos amenazaron con lanzarnos piedras, cansadas de dar testimonio y que no sirviera para nada. Se te queda una sensación de que les hemos fallado. De que quizás yo en su lugar habría lanzado la piedra…


 ¿Medios y periodistas?


 Yo te puedo responder como periodista. Es básico respetar a la gente de la que vas a hablar, por lo que hay que luchar para convencer a los medios de que te den el espacio que necesitas para las historias de la gente. Un medio respeta a un periodista en la medida que respeta a los protagonistas de sus historias.


 El compromiso está muy ligado a esta profesión. El periodismo es compromiso, debe serlo.


 Compromiso que compartís corresponsales y periodistas locales, desde luego.


 Los periodistas locales corren un riesgo brutal, se juegan la vida literalmente, intentando que su país sea mejor, tratando de hacer un periodismo mejor.


 Se está haciendo un trabajo genial en países como Senegal, Somalia, Sudáfrica o Zimbabue, donde existe una red de radios piratas muy activa e ilusionante.


 Todos buscamos lo mismo, hacer el mejor trabajo posible con nuestras posibilidades, todos buscando nuestros caminos para hacer el trabajo que queremos hacer.


 No sirve de nada quejarse de la profesión, el problema y la solución está en cada uno de nosotros. El periodismo es la ética, el compromiso, el esfuerzo y la dedicación de cada periodista que cree en este oficio con todas sus fuerzas. Y hay mucha gente que no ha dejado nunca de creer.

Comentarios

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